sábado, 16 de octubre de 2010

Conversaciones de micro

El otro día en el micro el cobrador se dispuso a hacer su chamba. Cuando llegó a la mitad del carro, un hombre empezó a gritarle acaloradamente cuando este intentó cobrarle.

Resulta que un “vivazo” había estado cobrando minutos antes a medio micro (los de la parte de atrás). Todos le pagaron sin saber que era un patín común y silvestre. Incluso uno de la combi le dio un billete de 20 y este “cobrador” le pidió un momento para asencillarlo. “Al parecer no va a regresar”, dijo resignado el hombre al darse cuenta que así como él otras veinte personas fueron estafadas.

La pobre cara del cobrador no tenía precedencia y hasta retorcía el corazón. Medio micro estaba ofuscado, pero al final más desentendidos que otra cosa. Al fin y al cabo ninguno perdió (a excepción del pata de los 20 soles) solo el cobrador.
Los viajes en los micros pueden ser muy tediosos y cargados de pleitos, como también de conversaciones importantes. Recuerdo esa vez en que una chica le decía a su enamorado por teléfono que no terminara con ella o esa vez en que un muchacho no cedía el asiento reservado porque hablaba por su celular o al menos ese era su argumento.

Resulta que la otra vez yo estaba sentada en la parte posterior del micro junto a una amiga. No recuerdo cómo surgió el tema, pero ella me dijo algo que me remordió el bobo “¿Tú sabes por qué él no quiso estar contigo verdad?”, le negué con la cabeza, sintiendo el viento golpearme la cara. “Porque tú perteneces a su grupo de amigos. Él sí sintió algo por ti, estaba shockeado por lo que sentía, pero sabía también que no podría estar con alguien de su grupo”.

La pregunta del millón fue “¿Por qué?”, a lo que ella me dijo: “Porque si no llegaba a funcionar todo sería muy incómodo. Él está ahora con ella y sabe que cuando ella se vaya todo terminará ahí.”

Pues qué cobarde. Será mi amigo y todo lo que quiera, pero si ese era el motivo entonces no entiendo. Hay personas que simplemente prefieren no arriesgar e irse por el camino más fácil. En este caso, ese susodicho, está ahora saliendo “en serio” con una chica de intercambio. Lindo trato, “estoy contigo porque sé cuando es nuestra fecha de caducidad”.

Me quedé mirando la calle pensando si fue bueno escuchar todo aquello. Saber que él sí me quiso, pero no lo suficiente. Saber que seguimos estando en el mismo circulo de amigos y acostumbrarme a verlo con ella, que a veces él se me queda mirando y no poder corresponderle por temor a quién sabe qué, que sigo sintiendo algo por él y no sé cuándo podré dejar de hacerlo.

Tantas cosas suceden en un viaje de micro que hasta me da algo de pena saber que todo ese caos vehicular cambiará, ¿se podrá tener conversaciones tan importantes en un tren eléctrico? Incluso su nombre genera distancia, pero veamos qué sucede.

Dime por qué sales y te diré quién eres, por Alondra

Sábado en la noche en un bar de Miraflores, trago en una mano, cigarro en la otra y un amigo al costado. Pasan los minutos y me pregunto ¿por qué salí?, si yo estaba cansada y además, él me aburre.

¿Por qué salí?

Esa es mi pregunta emblemática, está en mi mente casi todos los fines de semana y no sé por qué, tampoco sé la respuesta a dicha pregunta, o eso creía.

Bueno, hace algunos años solo salía con alguien si sentía cierto interés, pero luego descubrí que mis amigas salían mucho y casi siempre con distintos chicos. Si ellas salían tanto, por qué yo no podía hacer lo mismo. Desde allí empecé a aceptar invitaciones (entiéndase "citas") sin importar mucho el motivo. Solo salía, salía y salía...y me aburría.

He intentado analizar los motivos por los cuales siempre digo que Sí y nunca No.
  1. Porque no tengo plata y quiero divertirme gratis.
  2. Porque él me da pena.
  3. Porque no tengo planes y me da verguenza no tenerlos.
  4. Porque creí que congeniaríamos.
  5. Porque él me gusta.
  6. Y porque nunca aprendí a decir que no.

¿Quién soy? Pues, según mi pequeña lista (y muy pequeña, porque tengo otros motivos que no se pueden resumir en una frase) soy convenida, creída, orgullosa, inocente, romántica y tonta, respectivamente.

Espero que el quinto motivo se repita más seguido.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Despertando del coma

Experiencias nuevas. Hasta hace un mes consideraba que el Perú no quería contratarme. Ya me veía limpiando mesas o enseñando a dibujar anime en un instituto del centro de Lima, pero no, me contrataron. Qué bien se siente ser parte del capitalismo puro. Ese que te explota, pero te recompensa con un monto considerable de dinero (tomando en cuenta que no tengo más compromisos que invitarle chelas a mis amigos).

Me encuentro trabajando en un diario y me doy cuenta que no he despertado de mi estupor. Pasa que hablando con mi padre me preguntó si había recortado mi primer artículo escrito, “pues no”, le respondí.

Él me contó que cuando era chico soñaba con viajar a Estados Unidos y una vez tuvo la oportunidad. Cogió sus chivas y se fue donde su tío, quien le prometió irse con él, pero al final todo se canceló. Fue uno de los momentos más frustrante de su vida, sintió que le quitaban el futuro, sus sueños, que lo amarraban a ese cochino país de los 70´s.

Y me dice que cuando él supo que mi hermana y yo nos iríamos a trabajar un verano a Estados Unidos se sorprendió de nuestra naturalidad. Nos vio tan parcas que no consideró en su momento decir algo, porque sabía que no lo escucharíamos o lo tomaríamos como un viejo romántico y wachafo.

Pero ahora me lo dice. No pudo retenerlo. Me recomendó llevar una cámara y tomar foto del lugar, recortar lo que escribo y vivir cada momento como si fuese el último. Quiere que no deje pasar este momento, que no lo considere como algo "olvidable".

Tiene razón mi viejo, la falta de registro de lo vivido obliga a uno a pensar que no ha hecho nada digno de recordar. Pero no, todo lo experimentado tiene que ser tomado en cuenta, porque nuestro pasado nos hace ser lo que somos hoy.

Yo soy alguien que no guarda registro de nada, era hasta hoy una firme creyente de que la memoria aguanta todo. Es por ello que cuando terminé el colegio no volví a pisarlo, con la academia también y ahora temo que con la universidad ocurra lo mismo.

Supongo que es hora de guardar registro de lo vivido y supongo que este medio contribuirá en algo. No pretendo dar lección de nada, sino que es más emocionante vivir como si fuese lo último que vamos a hacer. Creer que lo que haces es especial y que nadie más lo hará como tú.